Las nuevas plataformas de gestión territorial

  • may. 1, 2016
  • Por: Enrique Ruz Bentué
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Archivado en: Columnista Invitado

Los nuevos ecosistemas de usuarios en internet están catapultando las plataformas digitales que se expanden en los diferentes sectores. Los líderes de las grandes corporaciones tradicionales han comenzado a ajustar sus modelos de negocio empleando de forma estratégica la tecnología para conseguir un mayor crecimiento.

Las compañías nativas digitales comprenden el poder de las tecnologías digitales y se constituyen sobre una plataforma en torno a la que gira su estructura empresarial (airbnb, waze, uber, amazone, etc.). Esta tendencia es tan estratégica que incluso las corporaciones tradicionales están implantando políticas basadas en las plataformas. Por ello, el 40% de los directivos encuestados reconoce que la adopción de un modelo de negocio basado en las plataformas es crítico para el éxito de su negocio.

Las predicciones expuestas por IDC apuntan a que en 2018 más del 50% de las grandes empresas y más del 80% de compañías con estrategias de transformación digital avanzadas, tendrán su propia plataforma.

Los beneficios que reportan las plataformas digitales a las empresas son de diferentes tipos:

Las empresas nativas digitales han marcado la senda de la digitalización y se han posicionado como líderes tanto en reputación como en rentabilidad. De hecho, las 15 principales compañías basadas en las plataformas tienen una capitalización bursátil de 2.6 trillones (billones) de dólares en todo el mundo.

Además de los principales actores digitales, las empresas tradicionales están empezando a incorporarse a la economía de las plataformas. Por ejemplo: Phillips y Kaiser permanente están creando plataformas en la industria de la salud. Monsanto y Caterpillar están construyendo plataformas para la agricultura de precisión. Schneider Electric, para ciudades inteligentes, edificios y viviendas. Bank of New York Mellon, para los servicios financieros... Y la lista sigue creciendo.

Por otro lado, en el mundo del desarrollo urbano, se utilizan plataformas para coordinar diferentes aplicaciones tecnológicas en las ciudades: alumbrado, tráfico rodado, agua, etc.

Empresas como INDRA, IBM, TELEFONICA, EVERIS y NEC, entre otras, compiten por entrar en los ayuntamientos “por arriba”, a partir de las plataformas que posteriormente anhelan que les facilitará la total tecnificación de la ciudad.

Una vez más, las tecnológicas van de un extremo a otro son, sin abrir los ojos a la visión global de la ciudad.  Hasta ahora era implementar tecnologías específicas para dar soluciones que llamaban verticales, cuando realmente querían decir “independientes”.  Independientes o independizadas del resto de equipamientos de la misma ciudad, y a veces independizadas con respecto a soluciones similares instaladas en la ciudad, incluso por otros proveedores con soluciones no siempre compatibles.

Pues bien, del extremo de ir del “buttom-up” con soluciones verticales, al que ellos creen que es el mayor extremo del “top-down”; plataformas que quieren contralar “todo lo que se menea” en la ciudad.

Pero realmente siguen olvidando que una ciudad es la suma de inventarios de elementos tan diversos y dispersos como el mobiliario urbano; los semáforos; las redes de telecomunicaciones, de agua, de saneamiento, de electricidad y otros; los contenedores; sensores; alcantarillas; edificios; solares vacíos; calles y avenidas; aceras; arbolado; jardines; monumentos; etc, etc.

Y son todos, elementos que cambian continuamente y que establecen la vida cambiante de la ciudad en todo momento.  Hay que entenderla desde un nivel por encima de lo que es la tecnología en sí misma, hay que verla como un conjunto urbanístico en el que las tecnologías se alinean con el urbanismo y no únicamente las tecnologías con otras tecnologías afines.

Y voy más allá, esos elementos van vinculados con otros menos tangibles; son los llamados derechos u obligaciones.  Cada elemento lleva implícito un elemento a tener en cuenta que relaciona lo físico con un elemento inmaterial, bien sea mecánico (encendido o apagado del alumbrado, el control del tráfico, …), o con un derecho (de compraventa, de mantenimiento, de reforma, …) o con una obligación (tributo, valor catastral, …), … En la medida que cualquiera de unos u otros elementos cambie, físicos o inmateriales, la ciudad cambia y ese cambio se producen cada instante.

Con ello llegamos a la conclusión de que ya no sirven las plataformas y sistemas de control de la ciudad como los hasta ahora concebidos, son precisos nuevos mecanismos de gestión que obliguen a trabajar a los tecnólogos, con los especialistas de transformación territorial.

 

 

 

 

 

 

 

 

Enrique Ruz Bentué

Enrique Ruz Bentué  eruzbent@gmail.com

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